lunes, 12 de enero de 2009

MI ENCUENTRO CON "S"

Mi encuentro con “S”

Algunas personas piensan que la gente “famosa” tiene muchas veces aires de divos o divas dependiendo del género.
Me he topado en mi vida con algunos famosillos, y puedo decir con certeza que a veces los menos famosos son los mas divos, y los que en verdad deberían creerse el cuento por su aporte a la humanidad , son lo mas piolitos que hay.
Lo cierto es que todos pecan de ser muy enrollados y sentirse un poco perseguidos, quizás , todos tienen, en alguna medida, una dosis de paranoia.
Hace algunos años, por esto de gustarme escribir cuentos e historias, me tocó conocer a un famoso escritor chileno, de quién no quisiera dar nombre con el fin de resguardar su privacidad, pero que llamaré “S”, y como pista podría citar que, aparte de dedicarse a escribir novelas, tenía en ese entonces a su cargo , un programa en TV bastante interesante para mi gusto , el que no dejaba de ver. Me seducía la manera tan particular de pronunciar las “eses” , y la simpatía que irradiaban sus ojos. Parecía que siempre estaba sonriendo.
Me propuse conocerlo. No era tarea fácil, pero tampoco imposible para mí, conociendo lo testaruda que soy cuando me propongo una meta, por muy difícil que parezca.
Le escribí algunos mails, que no tuvieron respuestas, llamé al editor de su programa, dejándole mensajes sugerentes, algo así como: “es algo que le puede interesar” o “soy una vieja amiga de la universidad”. Tampoco dio resultado y obviamente tampoco obtuve respuesta.
Entonces se me ocurrió hacer lo que hace cualquier persona cuando necesita ubicar a otra. Tome la guía telefónica, en una de esas , al igual que todos los mortales, contaba con un número de teléfono fijo que con suerte podría estar publicado en ese ancho librito informativo.
-Uno nunca sabe- me dije, y con el entusiasmo más optimista que me caracteriza, comencé con mi dedo pulgar a recorrer la letra S con la que principia su apellido. Como no era tan común como el mió, fue fácil dar con él.
Marqué su número con un poco de nerviosismo, ni siquiera tenia muy claro lo que le diría.
Me contestó una voz anciana, muy amable pero muy bajita. Apenas podía escucharla. Sin embargo cuando yo pregunté por el susodicho, la voz de mi interlocutor casi me gritó en el oído.
- De parte de quién ?
Le di mi nombre, casi con orgullo.
- El no vive aquí , esta es la casa de su padre.
-Claro- le respondí- Me acuerdo de usted. Verá, como hace años que no tengo noticias de su hijo, supuse que ustedes tendrían el mismo número de antes. Y también supuse que como usted siempre ha sido tan gentil, me podría dar el número actual de él.
-Como no! - volvió a gritar en mi oído y agregó con una risita irónica: Asuntos pendientes ehhh! , tome note por favor.
Y en cuestión de segundos, tenía el tan ansiado número en mis manos, tan fácil, tan rápido que casi no lo podría creer.
Sentí un poco de pena por la ingenua confianza del padre hacia mí , y tuve la misma sensación cuando en el colegio hacía algo indebido. Una mezcla de goce con arrepentimiento, pero me aguanté! Mal que mal, mis propósitos no eran maléficos sino muy por el contrario.
Esperé algunos días. No deseaba ser tan evidente, seguro su padre sordo le contaría de mi llamado. Preferí entonces esperar y pensar creativamente que le diría a este hombre que a esas alturas se había convertido casi en mi ídolo literario después de Neruda. Tendría que ser un buen discurso, había que buscar una buena estrategia. No deseaba echar a perder las cosas, que es lo que generalmente me sucede cuando actúo impulsivamente.
Y estaba en eso cuando a los pocos días , tipin tres de la tarde suena el teléfono de mi casa.
-Hola- contesté
-Buenass tardess – contestó del otro lado de la línea una voz que marcaba bien las eses finales de las dos palabras recién emitidas.
Lo reconocí de inmediato!! Era su voz, indudablemente, pero , cómo podía estar llamándome él a mi , si se suponía que aún no me conocía y menos podría tener mi numero??
- En que lo puedo ayudar?- pregunté con un dejo de indiferencia.
- Verá, me dijo, mi nombre es “S” y desde este número, llamaron a la casa de mi padre para preguntar por mí. Mi padre olvidó completamente el recado y gracias al identificador de llamados, pude comunicarme. Al parecer se trataba de una llamada muy importante- me dijo con un tono de simpatía.
Me quedé muda por unos segundos. Tenía claramente dos opciones a seguir. La primera, hacer cuentas que no sabia de que me estaba hablando , lo que me permitiría terminar pronto con esta situación un tanto bochornosa en que me encontraba, y la segunda era decirle toda la verdad.
- Con quien tengo el gusto – preguntó.
Esa pregunta tan sencilla sirvió para que mis nervios comenzaran a estirarse y relajarse y viniera a mi disco duro , todas aquellas frasecitas que tanto había ensayado.
-Con Maritza, le dije, Maritza González.
- Ah!! y dime, eres tu la persona que me buscaba?, porque por mas que lo intento no puedo recordar de donde nos conocemos- dijo amablemente
- No, es que aún no me conoce. Efectivamente yo llamé a su casa hace algunos días - y comencé a narrarle todos los acontecimientos tal como habían sucedido,
- Siento especial interés por la escritura- agregué- y me encantaría poder hacer un taller literario con usted. Alguien me comentó que dictaba talleres
- Mmmm, no, por ahora no, la verdad Maritza que no soy partidario de hacer talleres para aprender a escribir , creo que cada persona debe tener su estilo propio, pero me hace gracia todo lo que hiciste para encontrarme. Eres muy simpática, y lo menos que puedo hacer para compensar tu gran interés es invitarte a almorzar.
- A mí? – dije torpemente
- Claro! A ti, te parece bien el viernes próximo?
- Si! Me parece perfecto! Dígame lugar y hora.
- Café el Biógrafo, a las 2 de la tarde.
- Me parece!! Allí estaré a los dos en punto. Me caracteriza la puntualidad.

Luego de despedirnos y colgar, di un grito de felicidad. Aun no lo podía creer. Faltaban solo dos días para el viernes, así que los aproveché en buscar todo el material que tenía para mostrarle. Mi esposo, se reía de mi, incrédulo, porque no creía que el famoso escritor almorzaría conmigo.
No será una broma? -Me decía
Llego el viernes. Estuve toda la mañana revolviendo mi closet para encontrar la mejor facha para ese día. No quería que fuese algo muy formal, ni tampoco algo demasiado sport. Luego de probarme muchas tenidas, me decidí por un vestido blanco, que lo había usado para la fiesta de navidad de mis hijos. Era el más adecuado. Además, no tenía que impresionarlo. No era una cita amorosa, era solo una cita cultural.
Le dejé a la nana, las indicaciones para el día, porque no sabía cuanto me iba a demorar y me fui a la una en punto.
Sabía que el citado café se encontraba en el centro, muy cerca del edificio Diego Portales. Me tomaría cuarenta minutos llegar, y el resto lo aprovecharía para hacer unos ejercicios de relajación. Mis nervios ya comenzaban a revolverse enteros.
A las dos en punto abría las puertas del café. Nunca había estado allí antes y me pareció espectacular, Muy sencillo, muy pintoresco, Neruda hubiese aprobado sin duda la decoración.
Me acerque al mesón y pregunté por él
-Debe estar por llegar, acostumbra a venir a esta hora. Le preparo una mesa?
-Si, por favor. Le contesté al joven garzón que me miraba sonriendo.
De pronto se abrió la puerta. Y para mi sorpresa eran mi esposo y mi amiga Daniela!!!
-Que hacen ustedes aquí? Les pregunté sorprendida.
-Mi amor, estaba preocupado por usted. Si no llega este señor, que es lo mas probable, almorzará con nosotros y no será tan terrible el desengaño. Y si llega, estaremos en la mesa contigua para cuidarla, uno nunca sabe que tipo de persona pueda ser- Dijo mi esposo con un acento dulce y como vaticinando lo peor.
- Sorry Mari - me dijo Daniela , sabiendo que no era una buena idea y agregó - No pude decirle que no.
Y se sentaron en una mesa cerca de la mía.
Verlos allí, igual me tranquilizó. De alguna forma era bueno ver caras conocidas en una situación tan poco común para mí.
Pasaron cinco minutos y se volvió a abrir la puerta del café. Esta vez era él.
Mas alto, mas delgado y mas joven que en la tele.
Se acerco al mesón, el garzón, el mismo que me había atendido, le indicó mi mesa.
Respiré profundamente y me incorporé para saludarlo.
Su expresión era agradable y amistosa.
-Ya pediste?- fue lo primero que me preguntó.
-No, lo estaba esperando- le dije resuelta
-Vengo del canal, pero me atrasé un poco en una tonta reunión de pauta.
El garzón estaba parado junto a nosotros con la carta en mano.
-Dame la reineta de siempre con arroz, y tú, ¿qué te vas a servir?
-La verdad es que estoy un poco complicada del estómago- mentí- preferiría sólo tomar un jugo.
- No, pero cómo se te ocurre!! - me contestó él con asombro- te invité a almorzar, no puedes tomar un jugo solamente, quizá un consomé te haría bien.
Asentí con la cabeza, a pesar que jamás en mi vida me ha gustado el consomé, pero eran tal mis nervios que cualquier cosa a esa altura era bueno.
- Eres muy joven Maritza, dime a qué te dedicas.
Entonces comencé a contarle de mi vida, en un especie de monólogo, acelerado. Hablaba y hablaba sin poder parar de hacerlo, incluso tartamudeaba, y él me miraba como si le hiciera mucha gracia escucharme hablar. Se notaba interés de su parte, al querer conocerme. Me interrogó acerca de mi vida desde quiénes eran mis padres, hasta cuáles eran mis escritores favoritos. Durante la conversación afloraron temas tan interesantes como la poesía de Neruda, la historia de vida de mi padre, los hippies , el teatro (que era otra de mis pasiones), y sus novelas.
Mientras él se servía su reineta a la plancha, yo hablaba. Era el mejor monólogo improvisado que alguna vez había hecho. Él me escuchaba, me sonreía y me alentaba a seguir . Decía que hacíamos un buen equipo. Yo le contaba historias, él las digería.
-Me gustaría conocer tu pueblo, especialmente a tu padre- me dijo.
-Cuando quiera, será un placer llevarlo a la casa de mis padres, sé que le gustarán.
Durante nuestra conversación, fluida y amena, en la mesa contigua a la nuestra, mi esposo y mi amiga almorzaban también, pero siempre atentos a lo que estaba sucediendo al lado. Yo evitaba mirarlos para no desconcentrarme.
Al llegar al postre , ya éramos dos grandes amigos, así lo sentía yo, ilusamente. Me pidió mi dirección en Santiago, para enviarme los últimos best seller y me prometió que a uno de sus personajes del libro que estaba escribiendo actualmente le llamaría por mi nombre.
Finalizado el almuerzo, que duró alrededor de dos horas, nos comenzamos a despedir.
-Me quedaría más tiempo- me dijo- pero tengo que volver al canal y luego pasar a la editorial.
-No se preocupe, estoy feliz por el tiempo que me ha dedicado- le contesté tiernamente.
Al ponernos de pie, vi las caras curiosas de mi esposo y de mi amiga que me miraban dando por hecho que yo se los presentaría.
Entonces, por esas cosas de la vida, se me ocurrió hacer algo que hasta el día de hoy me pregunto, si habrá sido correcto o no.
-Olvidaba algo muy importante- le dije al escritor - a este almuerzo no vine sola, me acompañaron mi esposo y una amiga- le dije indicando la mesa del lado.
El escritor me miró perturbado sin entender nada y con un acento muy diferente al que había mantenido durante toda la conversación, me dijo.
-¿Por qué no me lo dijiste antes? Hubiésemos almorzado todos juntos.
Luego vinieron las presentaciones, un diálogo corto entre ellos y la despedida.
Me fui a casa satisfecha, había sido un almuerzo agradable y fructífero, me sentía feliz y tal era mi euforia que lo primero que hice al llegar a mi casa fue escribirle un mail agradeciéndole por todo. Su respuesta fue vía telefónica, exactamente media hora después de enviado el mail. Sus palabras fueron claras y concisas.
- Lamento mucho haber conocido a una persona que quisiese hacerme caer en una trampa- me dijo en un tono que revelaba molestia y desagrado.
- No entiendo- le pregunté asustada, imaginando que era una broma pesada.
-¿Qué es lo que no entiendes?- me dijo alterado y agregó - me imaginé estar viviendo una película de cowboy en la que la jovencita lleva a un matón para que le cuide las espaldas, ¿Acaso pensaste que yo te iba a hacer algo malo?
No podía creer lo que escuchaba.
-Pero cómo se le ocurre- le dije casi en sollozos- las cosas no son así como usted se las imagina, permítame explicarle…..
-No hay nada que explicar- me dijo y me cortó.

Quede deshecha por un rato, me desplomé en la cama, y de mis ojos comenzaron a caer lágrima tras lágrima
Recordé cada frase de nuestra conversación, su simpatía y calidez conmigo, y ahora esto!! No entendía nada ¡!
No volví a llamarle, a mis 27 años aún tenía el pensamiento pueblerino que hace a la gente más ingenua y confiada.
Algún tiempo después, el me escribió un mail retractándose pero aun estaba muy desilusionada como para contestarle.
Ahora que ha pasado el tiempo, lo recuerdo más bien como una anécdota. Sigo leyendo sus libros, y admirándolo.
Hasta el día de hoy me cuestioné si mi actuar estuvo errado o si él, efectivamente, no es más que otro famosillo con delirio de paranoia.

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