
DESLIZ
Margarita era una mujer fogosa y además deseable .
Tenía unos 25 años, buena figura, y una coquetería innata.
Se había casado a muy temprana edad con un hombre 20 años mayor, con el que había tenido dos hijos. Los primeros años habían sido de mucha pasión . Manuel, era un hombre vigoroso y empeñoso. Taxista de oficio. Un poco rudo, pero varonil. Le gustaba hacer el amor en las mañanas , al medio día y en la noche. Durante cinco años, esa era una practica habitual y la rutina favorita de la pareja. No había día que Margarita se salvara de este gran banquete.
Un mal día, Manuel tuvo un accidente en su taxi, que le obligo a permanecer casi 4 meses enyesado desde el cuello hasta las rodillas. Pasaba sus días tirado en el lecho nupcial, sin poder siquiera darle una tocadita a su joven y coqueta mujer que no dejaba de contornear sus caderas y mostrarles sus majestuosas piernas cada vez que entraba a darle su comida. Margarita amaba a Manuel, tanto como Manuel amaba a Margarita, pero, al cabo de unas semanas, la pobre chica que no tenia vocación para un celibato provisorio, comenzó a sentir unos cosquilleos extraños y unas ganas inexplicables de hacer el amor. El problema es que su pobre Manuel en esas condiciones, difícilmente podría complacerla como ella ansiaba, aunque por ganas no se quedaba.
Sucedió entonces que Manuel viéndose en ese estado de cesantía transitoria, decidió buscar un chofer que lo reemplazara en el taxi y así no dejar el trabajo botado.
Un vecino de ellos que llevaba varios meses sin trabajo , se ofreció para tomar el puesto.
Juanjo lo llamaban, y era un tipo buen mozo, joven y muy bien dotado según lo que se contaba. Margarita, que había escuchado de ese rumor, se sentía extrañamente perturbada cada vez que el joven llegaban a buscar el taxi por las mañanas o cuando le hacia la entrega del dinero por las noches. Tampoco podía evitar mirarle el ajustado pantalón que solía usar, justo a la altura de la cadera. Entonces le venían los bochornos y las alzas de temperatura. Solo un baño bien helado la calmaba.
Una tarde , Manuel le pidió a Juanjo que lo llevara hasta el hospital ya que tenia control con el medico,. Margarita se quedo en casa en la compañía de sus dos pequeños retoños. .
Era un día de verano, 32 grados de temperatura, marcaba el termómetro, y una salsa sonaba en la radio F.M, mientras que Margarita sofocada por el calor se disponía a darles un bañó de tina a los chicos que de tanto jugar en la tierra habían quedado muy sucios. Además le serviría para espantar ese tremendo calor.
Para sentirse mas cómoda, se había puesto una solera corta, se había quitado el sostén y se había despojado de sus sandalias.
De pronto sintió que la puerta de calle se abría. Era muy pronto para que Manuel llegase. Otras veces se tardaba toda la tarde en el hospital.
- Debe ser
-No me tardo, sigan ustedes- les dijo.
Y arreglándose su frondosa cabellera, cerro la puerta.
Entonces se encontró con Juanjo, quien la miro desde arriba hacia abajo, examinándola entera..
- A su marido le van a sacar el yeso y me mando a buscarle ropa- le dijo, sin quitarle los ojos de encima.
Margarita un tanto perturbada por la mirada penetrante de aquel joven de polera ajustada y aire desenfadado le dijo que iría por ella.
- Puedo ocupar el baño mientras?, quisiera refrescarme un poco – pregunto Juanjo
- Esta ocupado, pero en el patio trasero hay una manguera. Con ella puedes refrescarte.
Margarita entro a su dormitorio por la ropa para Manuel, el calor le había subido por su cuerpo mientras Juanjo , el culpable de ello, salio al patio trasero para refrescarse.
Al cabo de unos minutos ingresaba por la cocina, donde ella estaba preparando jugo helado para ofrecerle.
Estaba de espaldas a el, y Juanjo que ya se había percatado de su esbelta y fresca figura recorrió con sus ojos color miel, aquel cuerpo tan deseable.
Margarita sintiéndose observada y claramente excitada por la figura varonil de aquel jovenzuelo, que la miraba con deseo, se dio media vuelta y se encontró frente a frente con el. El reloj colgado en la pared, marcaba las cinco en punto. Se miraron por unos segundos . Claramente los deseos de Juanjo eran los mismos de Margarita. No precisaron palabras. El silencio era elocuente.
El la tomó por la cintura , la sentó en la mesita donde Margarita solía cocinar. Dos cebollas cayeron y rodaron por el suelo. Entonces busco su boca y beso sus labios carnosos casi con desenfreno, mientras sus manos recorrían el cuerpo ardiente de Margarita que no dejaba de jadear. Le hizo el amor durante los 25 minutos restantes. Y hubiesen continuado así por mucho tiempo mas si no hubiese sido por los gritos de los chicos que aburridos de chapotear tanto en la tina solicitaban con urgencia a su madre junto a ellos.
Sin decirse una palabra, el subió sus pantalones, ella se acomodo el vestido,
y rápidamente fue hasta el baño por los chicos , quienes la esperaban tiritando de frío , arrugaditos como pasa y con el jabón en las manos que ya estaba chiquito de tanto permanecer en el agua.
Cuando regresaron del hospital, Manuel, ya sin yeso , los chicos dormían y Margarita sentada en el sofá veía su teleserie favorita . Sus ojos brillaban .
Ella y Juanjo intercambiaron miradas cómplices mientras ayudaban a Manuel a tenderse en la cama, pero no se dijeron una palabra.
Esa noche, Margarita y Manuel durmieron abrazados como dos tortolitos.
Ella Amaba a Manuel y el amaba a Margarita.
Ciertamente lo que habia ocurrido con Juanjo aquella tarde era solo eso, un desliz que no volveria a repetirse .

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