martes, 28 de abril de 2009
EL CAMIONERO
El viaje estaba previsto para el amanecer.
Og, como le decían sus amigos, había dormido escasamente aquella noche. Siendo un hombre racional y práctico, se había desvelado, como nunca la noche anterior. Había un claro motivo para ello. Por primera vez en sus tres años como chofer del Scania, tenía la posibilidad real de concretar un sueño que venía atesorando en su interior, hacer el viaje Santiago-Buenos Aires - Rio , llevando como copiloto a Daniela Montes, la chica que desde la secundaria , le tenía prendado el corazón. No había sido fácil convencerla. Daniela, pertenecía a esa clase de familias siúticas, que apostaban siempre al mejor partido y obviamente veía con recelo el noviazgo con el joven camionero. Sin embargo, como siempre lo prohibido es lo mas apetecido, los dos jóvenes enamorados, no escatimaban esfuerzos en encuentros clandestinos, en algún lugar tácitamente acordado, haciendo caso omiso a los deseos de sus padres.
Y en esta oportunidad, Daniela valiéndose de una invitación a la costa, hecha por su mejor amiga, planeó con Og, este viaje que demoraría 15 días, si todo funcionara como estaba previsto.
Se levantó aquella mañana, cerca de las cuatro, tomo una ducha bien helada, sacudió su pelo mojado, y cubrió su cuerpo con una gran toalla. Se miró al espejo y comprobó por si mismo, el atractivo que poseía, ese mismo que constituía un plus en sus relaciones con las mujeres. Siempre fue un tipo afortunado con el sexo opuesto, a pesar que era más bien tímido y algo lacónico. Pero su atractivo pasaba por una mescolanza entre su cara bonita, sus buenas maneras , y un encanto especial en su mirada clara y profunda..
Se vistió rápidamente. Aun debía hacer un último chequeo a su máquina antes de partir. Daniela lo esperaría como había sido acordado, a las seis en punto a una cuadra de la casa de su amiga.
Allá, al lado oriente de la ciudad la hermosa chica charlaba con su amiga, que se había convertido en su cómplice más fiel. Después de un baño tibio, mezclado con esencias de vainilla, había perfumado su cuerpo, encremado sus blancas piernas, y con la ayuda de Camila, había terminado de arreglarse su pelo color miel.
Hablaban bajito, para no despertar sospechas .
Se habían conocido cuando ella cursaba el tercero medio del colegio de monjas que estaba cercano al Inba, donde Og, había estado interno desde la preparatoria.
Su primera impresión fue admirar la hermosura que irradiaba la chica con descaro. Sus miradas se habían cruzado, por unos segundos, después ella le había sonreído con cierto aire de coquetería, para luego mirarlo con un dejo de desdén
La segunda vez que se encontraron fue en una fiesta ochentera, organizado por los inbanos, donde Og, estaba a cargo del bar. Daniela, reconociéndolo inmediatamente, se había acercado hasta él y con una alba sonrisa , le había pedido una fanta muy helada. Conversaron por una hora sin parar, y Og solicitó a su compañero de pieza, que lo reemplazara en el bar para bailar con Daniela. No se separaron en toda la noche y desde ese día, vivieron un romance furtivo, y esporádico donde los ingredientes eran siempre la adrenalina y la pasión.
Daniela, una vez egresada de secundaria, había comenzado un noviazgo con un joven estudiante de medicina, motivada más bien por el deseo de sus padres, más que por el suyo propio.
Og, había aceptado esta situación, porque sabía que de otra manera no podría tenerla. Le molestaba el hecho de compartirla, pero tenía la certeza que el corazón y el cuerpo de Daniela le pertenecían en plenitud.
Además, en su vida no faltaban los amoríos pasajeros que alimentaban su ego y lo consolaban. Por su alcoba desfilaban hermosas mujeres, que saciaban su soledad y sus pasiones. A él le gustaba dejarse querer, vaya que sí. Pero su corazón le pertenecía por entero a Daniela.
Luego de chequear cuidosamente la maquina, Og se dispuso a partir. Acomodó el equipaje y los víveres para el camino. Observó la litera cuidadosamente, esperando encontrar todo en su lugar y partió.
Daniela, , aguardaba expectante su llegada.
Y exactamente a la hora acordada, subió se la chica a la maquina, con la ayuda de Og.
Se besaron largamente, y luego iniciaron el largo viaje.
A esa hora, en que la ciudad aun no despierta, y el frio se apodera de los cuerpos, nada es mejor que un café muy cargado .
-Hay bastante café en el termo, no quiero que tengas quejas de mi - le dijo, mirándola a los ojos. Luego tomó su mano, y no la soltó en mucho tiempo.
Daniela Montes, era feliz. Por primera vez podía sentirse libre de vivir su amor con ese hombre rudo, de ojos claros, y pelo alborotado que tanto amor le proporcionaba. Imaginaba su vida junto a él, sabía que no sería fácil; no obstante, tenía la certeza que si su elección se inclinaba por él, sería la mujer más amada de la tierra. Vivirían en un campo, rodeados de caballos, perros y flores. Ese era el sueño de Og. Seguramente construiría una casa para ella con sus propias manos y tendrían una vida tranquila y reposada. Seguramente con muchos hijos para cuidar y amar.
Todos estos pensamientos pasaban por la mente de la chica mientras se acomodaba muy cerca de él, sintiéndole su respiración, vibrando con su perfume y olor de hombre.
Sentía una profunda sensación de paz , las manos de Og, manejaban con destreza el camión que se alejaba serpenteando entre los caminos, valles y montañas.
Hablaban de temas variados, recordaban sus años en el liceo y Og le narraba de sus viajes y aventuras. Ella lo miraba con un dejo de admiración. Se sentía orgullosa de ese hombre. Como hubiese querido haber estado con él, siendo parte de esa historia .
En la radio se escuchaba la música predilecta de él, italianos como Cotugno, Tozzi, Simone, Bella, amenizaban el viaje con sus canciones de amor. A ratos Og le cantaba mirándola de reojo.
Cada cierto tiempo, se detenía para besarla y amarla. Cuando aquello sucedía, dejaban se llevar por la pasión y las ganas. Se sentían tan libres en aquellos parajes solitarios, que vivían el amor plenamente, casi con descaro. A veces se encontraban con otras máquinas, que irrumpían como fantasmas haciendo sonar sus bocinas ante tan gran espectáculo. Pero ellos parecían no darse cuenta. Estaban tan concentrados en sus menesteres, que se podría haber derrumbado los Andes ante sus ojos, y ellos no lo hubiesen percibido.
El largo viaje, se hacía corto para ellos. Hablaron de su amor y se prometieron envejecer juntos.
En Buenos Aires, llegaron a la posada donde Og solía hospedarse, Salían a comer por las noches, a bailar , iban al cine, y se amaban.
En las mañanas y por las noches Og la hacía suya, intensamente suya. Era un maestro en el arte de amar. Sabía exactamente llevar su cuerpo y el de Daniela, en forma fluida. Le susurraba al oído palabras candentes, impúdicas, y también llenas de ternura que la transportaban por un vaivén de sensaciones. El éxtasis que se provocaban mutuamente era como un vicio, un ritual que los dejaba tirados en la cama, con los cuerpos sudados y desfallecidos.
Los días pasaban casi sin sentirlos, llegando a Rio, aprovecharon de recorrer las extensas playas de Copacabana e Ipanema .Tomaban sol, con prendas escasamente visibles, se acariciaban. Daniela aprovechaba de ir de compras por Leblon, mientras Og trabajaba.
Volvían a amarse en las noches tibias, y sus cuerpos pegajosos de humedad y calor, se mezclaban, se confundían entres sabanas blancas en un paraíso idílico y fascinante.
Llego el día de la partida.
Daniela comenzaba a mudar el brillo de sus ojos por una semblante compungido, algo lloroso.
Og la apretaba contra si, y sus anchos y fibrosos brazos la envolvían entera. Sin articular palabra, sus gestos y cariños, la tranquilizaban. Estaba dispuesto a jugárselas por ella, como nunca se la había jugado por ninguna mujer. Lucharía contra viento y marea por tenerla junto a él, por ganarle a las estúpidas convicciones y prejuicios sociales. Sabía lo que valía, más aún , sabía lo que sentía por ella, y esos días, a su lado terminaron corroborando su teoría. La amaba y no se separaría de Daniela.
El viaje de regreso fue sereno. Su conversación, versaba en los proyectos de una vida juntos. Ella se mostraba osada ante la posibilidad de enfrentarse a su familia y novio que la aguardaban.
Programaron sus próximos veinte años juntos, una vida apaciguada con muchos hijos. Vivirían cerca de la costa. Se auguraron mucha felicidad.
El resto del tiempo, lo emplearon en amarse un par de veces en la litera del Scania, hasta llegar a Santiago de Chile, una tarde de Abril.
Fue difícil la separación. Rehusaban hacerlo. Daniela se aferraba a él como la hiedra a los muros. Tenía que volver a su realidad, y eso la llenaba de angustia. Og por su parte, sentía que despertaba del mejor de sus sueños. No obstante, estaba consciente que tenía que volver tarde o temprano a la realidad. Haber estado con Daniela le había gustado más de lo que él creía, y era un aliciente para luchar por ella. Ahora debía descansar un par de días para luego volver a Buenos Aires por otros quince más. Luego tomaría vacaciones, por lo menos un mes. Necesitaba tiempo de ocio para buscar un departamento más amplio y programar su vida con ella.
Daniela le había pedido un tiempo corto para finiquitar su noviazgo con el joven médico y para hablar con su familia acerca de sus planes. Og había decidido respetar este tiempo, y no la agobiaría hasta que ella diera indicios.
Pasaron tres semanas desde la despedida hasta el esperado llamado. Daniela lo citó al bar donde solían juntarse clandestinamente.
Estaba radiante. Con la cabellera suelta, cayendo entre sus hombros. Un vestido de lanilla ceñido al cuerpo, botas, pañuelo al cuello.
Og entró al bar, su pelo aun mojado, jeans desteñidos y polera , le daban un aspecto muy juvenil. Se acercó a la mesa donde lo aguardaba ella. Sus ojos claros se clavaron en los de Daniela. La miro con deseo, y con una infinita ternura. La besó en la frente y le acarició el cabello color miel.
-Og, debemos hablar- le dijo la chica en un hilo de voz .
-Para eso estoy aquí amor. Tengo todo listo, departamento nuevo, conseguí uno bastante bueno cerca de la casa de tus padres, además pedí vacaciones para estar contigo…. estoy viendo un auto para que no pierdas la costumbre y….
Daniela lo hizo callar con un fuerte sollozo. No paró de llorar por unos minutos. Og comenzaba a entender todo.
-No he sido capaz amor, no puedo dejar mi vida para seguirte, te amo, te amo de verdad, pero la presión que tengo es más fuerte ahora….es mejor dejarlo aquí. No podemos seguir juntos.
Por primera vez, Daniela lo vio quebrarse. El guardó silencio, sus manos apoyando su cabeza no dejaban ver sus ojos llorosos.
Daniela perturbada lo miraba. Quería echar atrás lo dicho, mas su decisión estaba ya tomada, era inútil seguir soñando.
-Dime algo por favor, estoy deshecha.
-Que puedo decirte??. Has decidido tu vida en estas semanas sin vernos y yo no estoy en ella…. Te amo, lo sabes, pero he de respetar tu decisión. ..Por más dolorosa que sea . No te mortifiques por mí. Yo estaré bien.
Esa mañana fue la más triste de su vida. Se sentía desolado, perdido. Quería entender, quería escapar, quería morir. Se fue a casa de su madre. Cada vez que se sentía agobiada iba a verla. Ella, mujer sabia y comprensiva no le hizo preguntas, le habló del clima, de sus hermanas, de plantas y se esmeró en cocinarle su plato favorito. Se sintió aliviado cerca de ella.
Pasaron algunos días. Og volvió a retomar su vida. Renunció a sus vacaciones ya que necesitaba mantener su mente ocupada. El trabajo sería la mejor válvula de escape para cambiar sus pensamientos y sacar para siempre a Daniela de su vida.
Esa mañana se miró al espejo y decidió no rasurar su barba que en esos escasos días había crecido considerablemente. Su nuevo look le venía bien. Inspeccionó por última vez la máquina y partió.
Antes de llegar al camino internacional, a lo lejos , divisó una chica cargada con una mochila de su mismo tamaño. La chica morena, de pelo crespo , que bailaba al viento, le agitó los brazos pidiéndole detenerse.
-Donde vas? – pregunto Og .
El viento golpeó la cara de la chica y su pelo alborotado se desordenó aun mas. Og la miró a los ojos. Eran negros y expresivos. Ella le sonrió.
- Aun no lo decido- le contestó- pero estoy segura que tu podrás acercarme a mi destino.
Y dando un gran salto, se incorporó en la maquina
Og le sonrió.
El Scania rápidamente se alejó por la carretera, a gran velocidad , para perderse por completo entre aquellos solitarios parajes.
viernes, 30 de enero de 2009
PARENTESIS
Era una tarde fresca , los dos atrapados en un vaiven de emociones, sortearon sus vidas, intercambiaron sus sueños. Tenian solo dos horas. Dos horas despues de veinte años. Como atrapar el tiempo en una vasija y retenerlo por veinte años mas? Se preguntaban.
El habia sido su primer amor, ella habia sido el primer amor de el. No hubo besos ni caricias, pero como los desearon!!! Eran casi niños, en aquel entonces, y hoy, despues de veinte años, conservaban los mismos rostros, erosionados por los años, y sus miradas reflejaban los mismos deseos de aquel entonces, deseos de abrazarse y reconocerse.
El tomo su mano, tan alba y tan suave, la vida la habia tratado bien, sus manos bien cuidadas y enjoyadas, eran reflejo de ello. Las manos de el , en cambio, eran rudas y asperas, reflejaban los embates de la vida, las marcas de duros trabajos , las cicatrices de un pasar dificil. Las dos manos perfectamente entrelazadas, tan diferentes entre ellas, se pegaron una a la otra, como hacia veinte años.
Ella temblo por un instante sintiendo la misma timidez de niña, el le sonrio. Su sonrisa alba la tranquilizo, como en aquellos tiempos de juegos y canciones, de bicicletas y plazuelas
El tiempo apremiaba, dos familias aguardaban sus llegadas. Una de ellas, de Plaza Italia hacia los cerros, alli donde nunca falta la comida y sobra el dinero. La otra , al lado opuesto de la ciudad, alli donde nunca falta el hambre y las monedas escasean.
No querian pensar en ello,en la realidad de la vida misma. Aquel era su momento, un parentesis tan dulce que los habia llevado a un mundo aparte donde solo existian ellos dos.
Caminaron a traves del parque forestal, como dos colegiales enamorados. Intercambiaron miradas complices y secretos encadenados.
Sabian con certeza que no habrian mas caminatas, ni miradas, ni sueños
Llegaron al mismo arbol que solian trepar y que los albergaba como escondite.
El tomo el rostro de ella expectante, con sus manos curtidas por el sol , la acaricio. Ella cerro sus ojos y sus labios apenas se entreabrieron . El acerco sus labios a los de ella . Temblaban. A los lejos el sol poniente bajaba el telon pintando de anaranjado. Ella junto sus labios con los de el, por primera vez. Aquel beso, el primero en veinte años, fue el mas dulce de sus vidas
lunes, 12 de enero de 2009
MI ENCUENTRO CON "S"
Algunas personas piensan que la gente “famosa” tiene muchas veces aires de divos o divas dependiendo del género.
Me he topado en mi vida con algunos famosillos, y puedo decir con certeza que a veces los menos famosos son los mas divos, y los que en verdad deberían creerse el cuento por su aporte a la humanidad , son lo mas piolitos que hay.
Lo cierto es que todos pecan de ser muy enrollados y sentirse un poco perseguidos, quizás , todos tienen, en alguna medida, una dosis de paranoia.
Hace algunos años, por esto de gustarme escribir cuentos e historias, me tocó conocer a un famoso escritor chileno, de quién no quisiera dar nombre con el fin de resguardar su privacidad, pero que llamaré “S”, y como pista podría citar que, aparte de dedicarse a escribir novelas, tenía en ese entonces a su cargo , un programa en TV bastante interesante para mi gusto , el que no dejaba de ver. Me seducía la manera tan particular de pronunciar las “eses” , y la simpatía que irradiaban sus ojos. Parecía que siempre estaba sonriendo.
Me propuse conocerlo. No era tarea fácil, pero tampoco imposible para mí, conociendo lo testaruda que soy cuando me propongo una meta, por muy difícil que parezca.
Le escribí algunos mails, que no tuvieron respuestas, llamé al editor de su programa, dejándole mensajes sugerentes, algo así como: “es algo que le puede interesar” o “soy una vieja amiga de la universidad”. Tampoco dio resultado y obviamente tampoco obtuve respuesta.
Entonces se me ocurrió hacer lo que hace cualquier persona cuando necesita ubicar a otra. Tome la guía telefónica, en una de esas , al igual que todos los mortales, contaba con un número de teléfono fijo que con suerte podría estar publicado en ese ancho librito informativo.
-Uno nunca sabe- me dije, y con el entusiasmo más optimista que me caracteriza, comencé con mi dedo pulgar a recorrer la letra S con la que principia su apellido. Como no era tan común como el mió, fue fácil dar con él.
Marqué su número con un poco de nerviosismo, ni siquiera tenia muy claro lo que le diría.
Me contestó una voz anciana, muy amable pero muy bajita. Apenas podía escucharla. Sin embargo cuando yo pregunté por el susodicho, la voz de mi interlocutor casi me gritó en el oído.
- De parte de quién ?
Le di mi nombre, casi con orgullo.
- El no vive aquí , esta es la casa de su padre.
-Claro- le respondí- Me acuerdo de usted. Verá, como hace años que no tengo noticias de su hijo, supuse que ustedes tendrían el mismo número de antes. Y también supuse que como usted siempre ha sido tan gentil, me podría dar el número actual de él.
-Como no! - volvió a gritar en mi oído y agregó con una risita irónica: Asuntos pendientes ehhh! , tome note por favor.
Y en cuestión de segundos, tenía el tan ansiado número en mis manos, tan fácil, tan rápido que casi no lo podría creer.
Sentí un poco de pena por la ingenua confianza del padre hacia mí , y tuve la misma sensación cuando en el colegio hacía algo indebido. Una mezcla de goce con arrepentimiento, pero me aguanté! Mal que mal, mis propósitos no eran maléficos sino muy por el contrario.
Esperé algunos días. No deseaba ser tan evidente, seguro su padre sordo le contaría de mi llamado. Preferí entonces esperar y pensar creativamente que le diría a este hombre que a esas alturas se había convertido casi en mi ídolo literario después de Neruda. Tendría que ser un buen discurso, había que buscar una buena estrategia. No deseaba echar a perder las cosas, que es lo que generalmente me sucede cuando actúo impulsivamente.
Y estaba en eso cuando a los pocos días , tipin tres de la tarde suena el teléfono de mi casa.
-Hola- contesté
-Buenass tardess – contestó del otro lado de la línea una voz que marcaba bien las eses finales de las dos palabras recién emitidas.
Lo reconocí de inmediato!! Era su voz, indudablemente, pero , cómo podía estar llamándome él a mi , si se suponía que aún no me conocía y menos podría tener mi numero??
- En que lo puedo ayudar?- pregunté con un dejo de indiferencia.
- Verá, me dijo, mi nombre es “S” y desde este número, llamaron a la casa de mi padre para preguntar por mí. Mi padre olvidó completamente el recado y gracias al identificador de llamados, pude comunicarme. Al parecer se trataba de una llamada muy importante- me dijo con un tono de simpatía.
Me quedé muda por unos segundos. Tenía claramente dos opciones a seguir. La primera, hacer cuentas que no sabia de que me estaba hablando , lo que me permitiría terminar pronto con esta situación un tanto bochornosa en que me encontraba, y la segunda era decirle toda la verdad.
- Con quien tengo el gusto – preguntó.
Esa pregunta tan sencilla sirvió para que mis nervios comenzaran a estirarse y relajarse y viniera a mi disco duro , todas aquellas frasecitas que tanto había ensayado.
-Con Maritza, le dije, Maritza González.
- Ah!! y dime, eres tu la persona que me buscaba?, porque por mas que lo intento no puedo recordar de donde nos conocemos- dijo amablemente
- No, es que aún no me conoce. Efectivamente yo llamé a su casa hace algunos días - y comencé a narrarle todos los acontecimientos tal como habían sucedido,
- Siento especial interés por la escritura- agregué- y me encantaría poder hacer un taller literario con usted. Alguien me comentó que dictaba talleres
- Mmmm, no, por ahora no, la verdad Maritza que no soy partidario de hacer talleres para aprender a escribir , creo que cada persona debe tener su estilo propio, pero me hace gracia todo lo que hiciste para encontrarme. Eres muy simpática, y lo menos que puedo hacer para compensar tu gran interés es invitarte a almorzar.
- A mí? – dije torpemente
- Claro! A ti, te parece bien el viernes próximo?
- Si! Me parece perfecto! Dígame lugar y hora.
- Café el Biógrafo, a las 2 de la tarde.
- Me parece!! Allí estaré a los dos en punto. Me caracteriza la puntualidad.
Luego de despedirnos y colgar, di un grito de felicidad. Aun no lo podía creer. Faltaban solo dos días para el viernes, así que los aproveché en buscar todo el material que tenía para mostrarle. Mi esposo, se reía de mi, incrédulo, porque no creía que el famoso escritor almorzaría conmigo.
No será una broma? -Me decía
Llego el viernes. Estuve toda la mañana revolviendo mi closet para encontrar la mejor facha para ese día. No quería que fuese algo muy formal, ni tampoco algo demasiado sport. Luego de probarme muchas tenidas, me decidí por un vestido blanco, que lo había usado para la fiesta de navidad de mis hijos. Era el más adecuado. Además, no tenía que impresionarlo. No era una cita amorosa, era solo una cita cultural.
Le dejé a la nana, las indicaciones para el día, porque no sabía cuanto me iba a demorar y me fui a la una en punto.
Sabía que el citado café se encontraba en el centro, muy cerca del edificio Diego Portales. Me tomaría cuarenta minutos llegar, y el resto lo aprovecharía para hacer unos ejercicios de relajación. Mis nervios ya comenzaban a revolverse enteros.
A las dos en punto abría las puertas del café. Nunca había estado allí antes y me pareció espectacular, Muy sencillo, muy pintoresco, Neruda hubiese aprobado sin duda la decoración.
Me acerque al mesón y pregunté por él
-Debe estar por llegar, acostumbra a venir a esta hora. Le preparo una mesa?
-Si, por favor. Le contesté al joven garzón que me miraba sonriendo.
De pronto se abrió la puerta. Y para mi sorpresa eran mi esposo y mi amiga Daniela!!!
-Que hacen ustedes aquí? Les pregunté sorprendida.
-Mi amor, estaba preocupado por usted. Si no llega este señor, que es lo mas probable, almorzará con nosotros y no será tan terrible el desengaño. Y si llega, estaremos en la mesa contigua para cuidarla, uno nunca sabe que tipo de persona pueda ser- Dijo mi esposo con un acento dulce y como vaticinando lo peor.
- Sorry Mari - me dijo Daniela , sabiendo que no era una buena idea y agregó - No pude decirle que no.
Y se sentaron en una mesa cerca de la mía.
Verlos allí, igual me tranquilizó. De alguna forma era bueno ver caras conocidas en una situación tan poco común para mí.
Pasaron cinco minutos y se volvió a abrir la puerta del café. Esta vez era él.
Mas alto, mas delgado y mas joven que en la tele.
Se acerco al mesón, el garzón, el mismo que me había atendido, le indicó mi mesa.
Respiré profundamente y me incorporé para saludarlo.
Su expresión era agradable y amistosa.
-Ya pediste?- fue lo primero que me preguntó.
-No, lo estaba esperando- le dije resuelta
-Vengo del canal, pero me atrasé un poco en una tonta reunión de pauta.
El garzón estaba parado junto a nosotros con la carta en mano.
-Dame la reineta de siempre con arroz, y tú, ¿qué te vas a servir?
-La verdad es que estoy un poco complicada del estómago- mentí- preferiría sólo tomar un jugo.
- No, pero cómo se te ocurre!! - me contestó él con asombro- te invité a almorzar, no puedes tomar un jugo solamente, quizá un consomé te haría bien.
Asentí con la cabeza, a pesar que jamás en mi vida me ha gustado el consomé, pero eran tal mis nervios que cualquier cosa a esa altura era bueno.
- Eres muy joven Maritza, dime a qué te dedicas.
Entonces comencé a contarle de mi vida, en un especie de monólogo, acelerado. Hablaba y hablaba sin poder parar de hacerlo, incluso tartamudeaba, y él me miraba como si le hiciera mucha gracia escucharme hablar. Se notaba interés de su parte, al querer conocerme. Me interrogó acerca de mi vida desde quiénes eran mis padres, hasta cuáles eran mis escritores favoritos. Durante la conversación afloraron temas tan interesantes como la poesía de Neruda, la historia de vida de mi padre, los hippies , el teatro (que era otra de mis pasiones), y sus novelas.
Mientras él se servía su reineta a la plancha, yo hablaba. Era el mejor monólogo improvisado que alguna vez había hecho. Él me escuchaba, me sonreía y me alentaba a seguir . Decía que hacíamos un buen equipo. Yo le contaba historias, él las digería.
-Me gustaría conocer tu pueblo, especialmente a tu padre- me dijo.
-Cuando quiera, será un placer llevarlo a la casa de mis padres, sé que le gustarán.
Durante nuestra conversación, fluida y amena, en la mesa contigua a la nuestra, mi esposo y mi amiga almorzaban también, pero siempre atentos a lo que estaba sucediendo al lado. Yo evitaba mirarlos para no desconcentrarme.
Finalizado el almuerzo, que duró alrededor de dos horas, nos comenzamos a despedir.
-Me quedaría más tiempo- me dijo- pero tengo que volver al canal y luego pasar a la editorial.
-No se preocupe, estoy feliz por el tiempo que me ha dedicado- le contesté tiernamente.
Al ponernos de pie, vi las caras curiosas de mi esposo y de mi amiga que me miraban dando por hecho que yo se los presentaría.
Entonces, por esas cosas de la vida, se me ocurrió hacer algo que hasta el día de hoy me pregunto, si habrá sido correcto o no.
-Olvidaba algo muy importante- le dije al escritor - a este almuerzo no vine sola, me acompañaron mi esposo y una amiga- le dije indicando la mesa del lado.
El escritor me miró perturbado sin entender nada y con un acento muy diferente al que había mantenido durante toda la conversación, me dijo.
-¿Por qué no me lo dijiste antes? Hubiésemos almorzado todos juntos.
Luego vinieron las presentaciones, un diálogo corto entre ellos y la despedida.
Me fui a casa satisfecha, había sido un almuerzo agradable y fructífero, me sentía feliz y tal era mi euforia que lo primero que hice al llegar a mi casa fue escribirle un mail agradeciéndole por todo. Su respuesta fue vía telefónica, exactamente media hora después de enviado el mail. Sus palabras fueron claras y concisas.
- Lamento mucho haber conocido a una persona que quisiese hacerme caer en una trampa- me dijo en un tono que revelaba molestia y desagrado.
- No entiendo- le pregunté asustada, imaginando que era una broma pesada.
-¿Qué es lo que no entiendes?- me dijo alterado y agregó - me imaginé estar viviendo una película de cowboy en la que la jovencita lleva a un matón para que le cuide las espaldas, ¿Acaso pensaste que yo te iba a hacer algo malo?
No podía creer lo que escuchaba.
-Pero cómo se le ocurre- le dije casi en sollozos- las cosas no son así como usted se las imagina, permítame explicarle…..
-No hay nada que explicar- me dijo y me cortó.
Quede deshecha por un rato, me desplomé en la cama, y de mis ojos comenzaron a caer lágrima tras lágrima
Recordé cada frase de nuestra conversación, su simpatía y calidez conmigo, y ahora esto!! No entendía nada ¡!
No volví a llamarle, a mis 27 años aún tenía el pensamiento pueblerino que hace a la gente más ingenua y confiada.
Algún tiempo después, el me escribió un mail retractándose pero aun estaba muy desilusionada como para contestarle.
Ahora que ha pasado el tiempo, lo recuerdo más bien como una anécdota. Sigo leyendo sus libros, y admirándolo.
Hasta el día de hoy me cuestioné si mi actuar estuvo errado o si él, efectivamente, no es más que otro famosillo con delirio de paranoia.
lunes, 5 de enero de 2009
DESLIZ

DESLIZ
Margarita era una mujer fogosa y además deseable .
Tenía unos 25 años, buena figura, y una coquetería innata.
Se había casado a muy temprana edad con un hombre 20 años mayor, con el que había tenido dos hijos. Los primeros años habían sido de mucha pasión . Manuel, era un hombre vigoroso y empeñoso. Taxista de oficio. Un poco rudo, pero varonil. Le gustaba hacer el amor en las mañanas , al medio día y en la noche. Durante cinco años, esa era una practica habitual y la rutina favorita de la pareja. No había día que Margarita se salvara de este gran banquete.
Un mal día, Manuel tuvo un accidente en su taxi, que le obligo a permanecer casi 4 meses enyesado desde el cuello hasta las rodillas. Pasaba sus días tirado en el lecho nupcial, sin poder siquiera darle una tocadita a su joven y coqueta mujer que no dejaba de contornear sus caderas y mostrarles sus majestuosas piernas cada vez que entraba a darle su comida. Margarita amaba a Manuel, tanto como Manuel amaba a Margarita, pero, al cabo de unas semanas, la pobre chica que no tenia vocación para un celibato provisorio, comenzó a sentir unos cosquilleos extraños y unas ganas inexplicables de hacer el amor. El problema es que su pobre Manuel en esas condiciones, difícilmente podría complacerla como ella ansiaba, aunque por ganas no se quedaba.
Sucedió entonces que Manuel viéndose en ese estado de cesantía transitoria, decidió buscar un chofer que lo reemplazara en el taxi y así no dejar el trabajo botado.
Un vecino de ellos que llevaba varios meses sin trabajo , se ofreció para tomar el puesto.
Juanjo lo llamaban, y era un tipo buen mozo, joven y muy bien dotado según lo que se contaba. Margarita, que había escuchado de ese rumor, se sentía extrañamente perturbada cada vez que el joven llegaban a buscar el taxi por las mañanas o cuando le hacia la entrega del dinero por las noches. Tampoco podía evitar mirarle el ajustado pantalón que solía usar, justo a la altura de la cadera. Entonces le venían los bochornos y las alzas de temperatura. Solo un baño bien helado la calmaba.
Una tarde , Manuel le pidió a Juanjo que lo llevara hasta el hospital ya que tenia control con el medico,. Margarita se quedo en casa en la compañía de sus dos pequeños retoños. .
Era un día de verano, 32 grados de temperatura, marcaba el termómetro, y una salsa sonaba en la radio F.M, mientras que Margarita sofocada por el calor se disponía a darles un bañó de tina a los chicos que de tanto jugar en la tierra habían quedado muy sucios. Además le serviría para espantar ese tremendo calor.
Para sentirse mas cómoda, se había puesto una solera corta, se había quitado el sostén y se había despojado de sus sandalias.
De pronto sintió que la puerta de calle se abría. Era muy pronto para que Manuel llegase. Otras veces se tardaba toda la tarde en el hospital.
- Debe ser
-No me tardo, sigan ustedes- les dijo.
Y arreglándose su frondosa cabellera, cerro la puerta.
Entonces se encontró con Juanjo, quien la miro desde arriba hacia abajo, examinándola entera..
- A su marido le van a sacar el yeso y me mando a buscarle ropa- le dijo, sin quitarle los ojos de encima.
Margarita un tanto perturbada por la mirada penetrante de aquel joven de polera ajustada y aire desenfadado le dijo que iría por ella.
- Puedo ocupar el baño mientras?, quisiera refrescarme un poco – pregunto Juanjo
- Esta ocupado, pero en el patio trasero hay una manguera. Con ella puedes refrescarte.
Margarita entro a su dormitorio por la ropa para Manuel, el calor le había subido por su cuerpo mientras Juanjo , el culpable de ello, salio al patio trasero para refrescarse.
Al cabo de unos minutos ingresaba por la cocina, donde ella estaba preparando jugo helado para ofrecerle.
Estaba de espaldas a el, y Juanjo que ya se había percatado de su esbelta y fresca figura recorrió con sus ojos color miel, aquel cuerpo tan deseable.
Margarita sintiéndose observada y claramente excitada por la figura varonil de aquel jovenzuelo, que la miraba con deseo, se dio media vuelta y se encontró frente a frente con el. El reloj colgado en la pared, marcaba las cinco en punto. Se miraron por unos segundos . Claramente los deseos de Juanjo eran los mismos de Margarita. No precisaron palabras. El silencio era elocuente.
El la tomó por la cintura , la sentó en la mesita donde Margarita solía cocinar. Dos cebollas cayeron y rodaron por el suelo. Entonces busco su boca y beso sus labios carnosos casi con desenfreno, mientras sus manos recorrían el cuerpo ardiente de Margarita que no dejaba de jadear. Le hizo el amor durante los 25 minutos restantes. Y hubiesen continuado así por mucho tiempo mas si no hubiese sido por los gritos de los chicos que aburridos de chapotear tanto en la tina solicitaban con urgencia a su madre junto a ellos.
Sin decirse una palabra, el subió sus pantalones, ella se acomodo el vestido,
y rápidamente fue hasta el baño por los chicos , quienes la esperaban tiritando de frío , arrugaditos como pasa y con el jabón en las manos que ya estaba chiquito de tanto permanecer en el agua.
Cuando regresaron del hospital, Manuel, ya sin yeso , los chicos dormían y Margarita sentada en el sofá veía su teleserie favorita . Sus ojos brillaban .
Ella y Juanjo intercambiaron miradas cómplices mientras ayudaban a Manuel a tenderse en la cama, pero no se dijeron una palabra.
Esa noche, Margarita y Manuel durmieron abrazados como dos tortolitos.
Ella Amaba a Manuel y el amaba a Margarita.
Ciertamente lo que habia ocurrido con Juanjo aquella tarde era solo eso, un desliz que no volveria a repetirse .
jueves, 18 de diciembre de 2008
ANGELES

La mujer se dejò caer encima de un sofa maltrecho, lloraba.Sabìa que aunque lavase ropa extra las 24 horas del dia por una semana entera , no conseguirìa obtener el dinero requerido. Era una mujer esforzada , que luego de haber sido abandonada por un hombre alcòholico, se habia visto en la dificil misiòn de sacar a su familia a duras penas.Tarea que cada dia se hacìa mas ardua. Sus hijos, todos pequeños estaban en el colegio, no recibìa ningun tipo de ayuda, y sus ingresos econòmicos eran aquellos que percibìa a cambio de lavar ropa ajena y asear algunas casa vecinas.
El chico, el màs pequeños de todos, acostado al lado de su progenitora, pensaba en como poder ayudar a su pobre madre.
Acostumbraba a lavar autos despues del colegio, donde ganaba algunas monedas que servìan la mayoria de las veces para pan y otras, muy pocas , para golosinas cuando la tentaciòn era muy grande.
Le gustaba ir a la estacion de trenes, que quedaba a una cuadra de la plaza de su pueblo. A las 12 en punto llegaba el tren desde la capital, acontecimiento que el chico disfrutaba plenamente . Para el , ver llegar gente elegante, con ropaje majestuoso era todo un espectaculo. Luego se acomodaba sentado en cuclillas, al lado de un kioskito manicero, para no interrumpir el trànsito peatonal de los recièn llegados. Esperaba pacientemente la comparsa de la banda que comenzaba a tocar. Todos los mùsicos vestìan impecables chaquetas azules,albos pantalones y zapatos negros, perfectamente lustrados. Generalmente tocaban cuatro melodìas. Siempre eran las mismas , pero el chico no se cansaba de escucharlas. Su cara irradiaba felicidad, como si la llegada del tren y los acordes de la banda lo envolvieran en un manto del olvido, y volviese a sentirse niño otra vez.
martes, 16 de diciembre de 2008
BIENVENIDA

