martes, 28 de abril de 2009

EL CAMIONERO

EL CAMIONERO

El viaje estaba previsto para el amanecer.
Og, como le decían sus amigos, había dormido escasamente aquella noche. Siendo un hombre racional y práctico, se había desvelado, como nunca la noche anterior. Había un claro motivo para ello. Por primera vez en sus tres años como chofer del Scania, tenía la posibilidad real de concretar un sueño que venía atesorando en su interior, hacer el viaje Santiago-Buenos Aires - Rio , llevando como copiloto a Daniela Montes, la chica que desde la secundaria , le tenía prendado el corazón. No había sido fácil convencerla. Daniela, pertenecía a esa clase de familias siúticas, que apostaban siempre al mejor partido y obviamente veía con recelo el noviazgo con el joven camionero. Sin embargo, como siempre lo prohibido es lo mas apetecido, los dos jóvenes enamorados, no escatimaban esfuerzos en encuentros clandestinos, en algún lugar tácitamente acordado, haciendo caso omiso a los deseos de sus padres.
Y en esta oportunidad, Daniela valiéndose de una invitación a la costa, hecha por su mejor amiga, planeó con Og, este viaje que demoraría 15 días, si todo funcionara como estaba previsto.
Se levantó aquella mañana, cerca de las cuatro, tomo una ducha bien helada, sacudió su pelo mojado, y cubrió su cuerpo con una gran toalla. Se miró al espejo y comprobó por si mismo, el atractivo que poseía, ese mismo que constituía un plus en sus relaciones con las mujeres. Siempre fue un tipo afortunado con el sexo opuesto, a pesar que era más bien tímido y algo lacónico. Pero su atractivo pasaba por una mescolanza entre su cara bonita, sus buenas maneras , y un encanto especial en su mirada clara y profunda..
Se vistió rápidamente. Aun debía hacer un último chequeo a su máquina antes de partir. Daniela lo esperaría como había sido acordado, a las seis en punto a una cuadra de la casa de su amiga.
Allá, al lado oriente de la ciudad la hermosa chica charlaba con su amiga, que se había convertido en su cómplice más fiel. Después de un baño tibio, mezclado con esencias de vainilla, había perfumado su cuerpo, encremado sus blancas piernas, y con la ayuda de Camila, había terminado de arreglarse su pelo color miel.
Hablaban bajito, para no despertar sospechas .
Se habían conocido cuando ella cursaba el tercero medio del colegio de monjas que estaba cercano al Inba, donde Og, había estado interno desde la preparatoria.
Su primera impresión fue admirar la hermosura que irradiaba la chica con descaro. Sus miradas se habían cruzado, por unos segundos, después ella le había sonreído con cierto aire de coquetería, para luego mirarlo con un dejo de desdén
La segunda vez que se encontraron fue en una fiesta ochentera, organizado por los inbanos, donde Og, estaba a cargo del bar. Daniela, reconociéndolo inmediatamente, se había acercado hasta él y con una alba sonrisa , le había pedido una fanta muy helada. Conversaron por una hora sin parar, y Og solicitó a su compañero de pieza, que lo reemplazara en el bar para bailar con Daniela. No se separaron en toda la noche y desde ese día, vivieron un romance furtivo, y esporádico donde los ingredientes eran siempre la adrenalina y la pasión.
Daniela, una vez egresada de secundaria, había comenzado un noviazgo con un joven estudiante de medicina, motivada más bien por el deseo de sus padres, más que por el suyo propio.
Og, había aceptado esta situación, porque sabía que de otra manera no podría tenerla. Le molestaba el hecho de compartirla, pero tenía la certeza que el corazón y el cuerpo de Daniela le pertenecían en plenitud.
Además, en su vida no faltaban los amoríos pasajeros que alimentaban su ego y lo consolaban. Por su alcoba desfilaban hermosas mujeres, que saciaban su soledad y sus pasiones. A él le gustaba dejarse querer, vaya que sí. Pero su corazón le pertenecía por entero a Daniela.

Luego de chequear cuidosamente la maquina, Og se dispuso a partir. Acomodó el equipaje y los víveres para el camino. Observó la litera cuidadosamente, esperando encontrar todo en su lugar y partió.
Daniela, , aguardaba expectante su llegada.
Y exactamente a la hora acordada, subió se la chica a la maquina, con la ayuda de Og.
Se besaron largamente, y luego iniciaron el largo viaje.
A esa hora, en que la ciudad aun no despierta, y el frio se apodera de los cuerpos, nada es mejor que un café muy cargado .

-Hay bastante café en el termo, no quiero que tengas quejas de mi - le dijo, mirándola a los ojos. Luego tomó su mano, y no la soltó en mucho tiempo.
Daniela Montes, era feliz. Por primera vez podía sentirse libre de vivir su amor con ese hombre rudo, de ojos claros, y pelo alborotado que tanto amor le proporcionaba. Imaginaba su vida junto a él, sabía que no sería fácil; no obstante, tenía la certeza que si su elección se inclinaba por él, sería la mujer más amada de la tierra. Vivirían en un campo, rodeados de caballos, perros y flores. Ese era el sueño de Og. Seguramente construiría una casa para ella con sus propias manos y tendrían una vida tranquila y reposada. Seguramente con muchos hijos para cuidar y amar.
Todos estos pensamientos pasaban por la mente de la chica mientras se acomodaba muy cerca de él, sintiéndole su respiración, vibrando con su perfume y olor de hombre.
Sentía una profunda sensación de paz , las manos de Og, manejaban con destreza el camión que se alejaba serpenteando entre los caminos, valles y montañas.
Hablaban de temas variados, recordaban sus años en el liceo y Og le narraba de sus viajes y aventuras. Ella lo miraba con un dejo de admiración. Se sentía orgullosa de ese hombre. Como hubiese querido haber estado con él, siendo parte de esa historia .
En la radio se escuchaba la música predilecta de él, italianos como Cotugno, Tozzi, Simone, Bella, amenizaban el viaje con sus canciones de amor. A ratos Og le cantaba mirándola de reojo.
Cada cierto tiempo, se detenía para besarla y amarla. Cuando aquello sucedía, dejaban se llevar por la pasión y las ganas. Se sentían tan libres en aquellos parajes solitarios, que vivían el amor plenamente, casi con descaro. A veces se encontraban con otras máquinas, que irrumpían como fantasmas haciendo sonar sus bocinas ante tan gran espectáculo. Pero ellos parecían no darse cuenta. Estaban tan concentrados en sus menesteres, que se podría haber derrumbado los Andes ante sus ojos, y ellos no lo hubiesen percibido.
El largo viaje, se hacía corto para ellos. Hablaron de su amor y se prometieron envejecer juntos.
En Buenos Aires, llegaron a la posada donde Og solía hospedarse, Salían a comer por las noches, a bailar , iban al cine, y se amaban.
En las mañanas y por las noches Og la hacía suya, intensamente suya. Era un maestro en el arte de amar. Sabía exactamente llevar su cuerpo y el de Daniela, en forma fluida. Le susurraba al oído palabras candentes, impúdicas, y también llenas de ternura que la transportaban por un vaivén de sensaciones. El éxtasis que se provocaban mutuamente era como un vicio, un ritual que los dejaba tirados en la cama, con los cuerpos sudados y desfallecidos.
Los días pasaban casi sin sentirlos, llegando a Rio, aprovecharon de recorrer las extensas playas de Copacabana e Ipanema .Tomaban sol, con prendas escasamente visibles, se acariciaban. Daniela aprovechaba de ir de compras por Leblon, mientras Og trabajaba.
Volvían a amarse en las noches tibias, y sus cuerpos pegajosos de humedad y calor, se mezclaban, se confundían entres sabanas blancas en un paraíso idílico y fascinante.
Llego el día de la partida.
Daniela comenzaba a mudar el brillo de sus ojos por una semblante compungido, algo lloroso.
Og la apretaba contra si, y sus anchos y fibrosos brazos la envolvían entera. Sin articular palabra, sus gestos y cariños, la tranquilizaban. Estaba dispuesto a jugárselas por ella, como nunca se la había jugado por ninguna mujer. Lucharía contra viento y marea por tenerla junto a él, por ganarle a las estúpidas convicciones y prejuicios sociales. Sabía lo que valía, más aún , sabía lo que sentía por ella, y esos días, a su lado terminaron corroborando su teoría. La amaba y no se separaría de Daniela.
El viaje de regreso fue sereno. Su conversación, versaba en los proyectos de una vida juntos. Ella se mostraba osada ante la posibilidad de enfrentarse a su familia y novio que la aguardaban.
Programaron sus próximos veinte años juntos, una vida apaciguada con muchos hijos. Vivirían cerca de la costa. Se auguraron mucha felicidad.
El resto del tiempo, lo emplearon en amarse un par de veces en la litera del Scania, hasta llegar a Santiago de Chile, una tarde de Abril.
Fue difícil la separación. Rehusaban hacerlo. Daniela se aferraba a él como la hiedra a los muros. Tenía que volver a su realidad, y eso la llenaba de angustia. Og por su parte, sentía que despertaba del mejor de sus sueños. No obstante, estaba consciente que tenía que volver tarde o temprano a la realidad. Haber estado con Daniela le había gustado más de lo que él creía, y era un aliciente para luchar por ella. Ahora debía descansar un par de días para luego volver a Buenos Aires por otros quince más. Luego tomaría vacaciones, por lo menos un mes. Necesitaba tiempo de ocio para buscar un departamento más amplio y programar su vida con ella.
Daniela le había pedido un tiempo corto para finiquitar su noviazgo con el joven médico y para hablar con su familia acerca de sus planes. Og había decidido respetar este tiempo, y no la agobiaría hasta que ella diera indicios.
Pasaron tres semanas desde la despedida hasta el esperado llamado. Daniela lo citó al bar donde solían juntarse clandestinamente.
Estaba radiante. Con la cabellera suelta, cayendo entre sus hombros. Un vestido de lanilla ceñido al cuerpo, botas, pañuelo al cuello.
Og entró al bar, su pelo aun mojado, jeans desteñidos y polera , le daban un aspecto muy juvenil. Se acercó a la mesa donde lo aguardaba ella. Sus ojos claros se clavaron en los de Daniela. La miro con deseo, y con una infinita ternura. La besó en la frente y le acarició el cabello color miel.
-Og, debemos hablar- le dijo la chica en un hilo de voz .
-Para eso estoy aquí amor. Tengo todo listo, departamento nuevo, conseguí uno bastante bueno cerca de la casa de tus padres, además pedí vacaciones para estar contigo…. estoy viendo un auto para que no pierdas la costumbre y….
Daniela lo hizo callar con un fuerte sollozo. No paró de llorar por unos minutos. Og comenzaba a entender todo.
-No he sido capaz amor, no puedo dejar mi vida para seguirte, te amo, te amo de verdad, pero la presión que tengo es más fuerte ahora….es mejor dejarlo aquí. No podemos seguir juntos.
Por primera vez, Daniela lo vio quebrarse. El guardó silencio, sus manos apoyando su cabeza no dejaban ver sus ojos llorosos.
Daniela perturbada lo miraba. Quería echar atrás lo dicho, mas su decisión estaba ya tomada, era inútil seguir soñando.
-Dime algo por favor, estoy deshecha.
-Que puedo decirte??. Has decidido tu vida en estas semanas sin vernos y yo no estoy en ella…. Te amo, lo sabes, pero he de respetar tu decisión. ..Por más dolorosa que sea . No te mortifiques por mí. Yo estaré bien.
Esa mañana fue la más triste de su vida. Se sentía desolado, perdido. Quería entender, quería escapar, quería morir. Se fue a casa de su madre. Cada vez que se sentía agobiada iba a verla. Ella, mujer sabia y comprensiva no le hizo preguntas, le habló del clima, de sus hermanas, de plantas y se esmeró en cocinarle su plato favorito. Se sintió aliviado cerca de ella.
Pasaron algunos días. Og volvió a retomar su vida. Renunció a sus vacaciones ya que necesitaba mantener su mente ocupada. El trabajo sería la mejor válvula de escape para cambiar sus pensamientos y sacar para siempre a Daniela de su vida.
Esa mañana se miró al espejo y decidió no rasurar su barba que en esos escasos días había crecido considerablemente. Su nuevo look le venía bien. Inspeccionó por última vez la máquina y partió.
Antes de llegar al camino internacional, a lo lejos , divisó una chica cargada con una mochila de su mismo tamaño. La chica morena, de pelo crespo , que bailaba al viento, le agitó los brazos pidiéndole detenerse.
-Donde vas? – pregunto Og .
El viento golpeó la cara de la chica y su pelo alborotado se desordenó aun mas. Og la miró a los ojos. Eran negros y expresivos. Ella le sonrió.
- Aun no lo decido- le contestó- pero estoy segura que tu podrás acercarme a mi destino.
Y dando un gran salto, se incorporó en la maquina
Og le sonrió.
El Scania rápidamente se alejó por la carretera, a gran velocidad , para perderse por completo entre aquellos solitarios parajes.

1 comentario:

  1. Bueno!!Muy bueno!
    La segunda parte es que 15 años despues!!
    Se vuelven a encontrar y........
    Slds.

    ResponderEliminar